
Sí, ya se: que es una fiesta pagana, que no nos pertenece, que es completamente ajena a nuestra cultura, que no tiene sentido, que es fomentada sólo con fines comerciales, etc., etc., etc.
Pero necesitaba la excusa para poner la foto y demostrar que las brujas sí existen.
PD: no hay truco; la vi con mis propios ojos, varias veces, muchas veces....y ahora tengo pesadillas.
Update visual: para que vean que no exagero...y que donde hay uno hay más!!!!
Feliz Jalowiiiin
"en construcción"
Paradójicamente, durante más de 10 años de mi infancia, crecí en esa casa eternamente en construcción. Jamás llegó a ser lo que me contaron que sería, ni lo que yo misma quise que fuera: una casa de dos pisos, con un hermoso patio abajo; con una cocina cálida con desayunador; un resguardado living, ideal para contener el sonido de la música; y mi pequeño dormitorio con una alfombra peluda y un ventanal con salida al balcón que daba al patio de abajo.
Sólo llegó a tener el desayunador en la cocina y el patio. El resto: contrapisos, paredes con revoque, un baño exterior, mucha humedad y dos habitaciones compartidas entre siete.
Sin embargo, era más amable por lo poco que había que por lo mucho que podía haber. Esa casa supo dejar marcas en mi cuerpo y en mi alma.
Una casa de principios de siglo, con paredes que parecían tener venas que se cargaban de agua cuando llovía y mojaba los cables de tela, provocando inesperadas descargas eléctricas a quien se descuidara apoyándose en ellas. Fueron tantas las veces que me descuidé, que recién ahora me animo a cambiar una lamparita sin llamar al electricista.
El baño estuvo en el patio durante años, hasta que luego de mucho ahorro se pudo construir el pasillo que lo incluiría dentro de la calidez del hogar. Así aprendí a aguantarme las ganas de hacer pis durante la noche, hasta los límites insospechados del inevitable despertar; nunca me atreví a salir de madrugada a los invierno de los 0 grados, aún a costa de la salud de mis riñones.
Sólo habitábamos el piso de abajo. En el de arriba, había tres habitaciones que cumplían la función de depósito de la copiosa biblioteca de mi papá. Adoraba subir allí, sin anoticiar mi ausencia, para poder curiosear sin tiempo esos libros intrigantes. Recuerdo muchos que continuamente llamaban mi atención: uno de curanderismo, con una foto en la tapa que mostraba a alguien vestido de médico metiendo su mano en el estómago de una persona despierta; otro de magia negra, que empezaba con una tenebrosa advertencia sobre la verosimilitud de los ritos que incluía (entre ellos una invocación al diablo, que se debía realizar frente a un espejo iluminado con velas negras); otro de fotografía, con cuerpos desnudos en posiciones francamente irrepetibles; otro de Las Mil y Una Noches; muchos de filosofía, con frases inintelegibles para mí en ese entonces (y en este ahora, a veces).
En otra de las habitaciones estaba la colección encuadernada de diarios de 1945, que me apasionaba husmear en busca de viejas publicidades, y que en alguna ocasión me ha servido de entretenimiento junto a mis hermanos cuando llamábamos a los teléfonos publicados: ¿Hola, estoy hablando con "la sastrería Marco Polo" ?.
Pero había una cuarta habitación que tenía una magia especial, no sólo porque mi papá había instalado allí su escritorio, sino porque de la pared del fondo salía el tronco y las ramas de un árbol testarudo que había decidido crecer allí y que la adornaba impecablemente.
Y yo le hacía honores a su especialidad, eligiéndola como lugar de estudio sentada en el descuajeringado sillón, o dándole rienda suelta a mi curiosidad revisando cajones ajenos. Así descubrí, tiradas en un rincón, unas revistas pornográficas que, vaya a saber porqué, no me sorprendieron en lo más mínimo a pesar de mi corta edad. Y en otra ocasión, encontré unos negativos fotográficos que acusaron la plena vigencia de mi complejo de Electra: mostraban a una mujer desnuda sobre una cama, quien evidentemente no era mi mamá, junto a otro hombre a quien sólo mi imaginación freudiana pudo creerlo parecido a mi papá. La, para mí ,documentada infidelidad motivó mi raudo y lacrimoso aviso a mi mamá quien, luego de ver los negativos, me respondió con una carcajada que me dejó en el más merecido de los ridículos, seguida de una demostración convincente sobre que ni ella era la señora desnuda, ni mi papá el señor al costado de la señora, ni ninguno de los dos quien tomó la foto (jamás se me ocurrió pensar en quién corno había sacado la foto).
La escalera que unía el ambiente cotidiano con ese otro al que me gustaba escapar, también supo tener su protagonismo. En ella decidí que jamás fumaría, luego de tener un absceso de tos por haber probado un cigarrillo encendido que le llevaba a mi papá. Me regaló también el momento más tenebroso que viví jamás, cuando un rayo descargó su furia en su baranda, iluminando de un blanco fosforescente el abrazo que con mis hermanos le dimos a mi mamá en busca de apaciguar nuestro pánico.
Finalmente, el pasillo de entrada en el que los martes a la mañana corríamos para ser el primero en apropiarnos del Billiken; o el de las vueltas del colegio, que nos veía desabrochándonos el uniforme para ahorrar tiempo de ocio en casa; la puerta de hierro que a pesar de que se cerraba a los golpes, siempre fue tan efectiva que cuando entraron a robarnos debieron hacerlo por el techo; la pileta de cemento de la entrada, donde metía a mi perra para bañarla mientras ella hacía todo lo posible para que compartiéramos el “momento”.
Esa casa fue y es un continente entero de mis emociones. Y aún así, como estuvo siempre, “en construcción”, fue el hogar más perfecto que hubiera podido elegir.
En el mientras
Hoy tengo la convicción de que todo va adquiriendo su justo significado. Lo dudoso, lo latente, lo escondido, lo inerte, lo neutral, tuvieron un imprevisto giro que los puso en primer plano. Y todo se fue acomodando, para que la segunda parte sea la mejor. Así, hasta la circunstancia más banal encontró el sentido que le cabe ahora como anillo al dedo.Si hasta Manuelita, que ha sido durante años simplemente el nombre de mi alterego, hoy es mi "Lejana" de Cortázar, que como ella vive más acá que allá.
Por eso quise tener este juguete, solamente por ser la representación de tanto.
Hoy soy más Manuelita que Carla, Julieta, Micaela, y tantos otros nombres a los que pudiera responder. Por eso recuerdo desde aquí, porque mis anécdotas pintan de pies a cabeza a una Manuelita.
A quién sino a una Manuelita de seis o siete años se la imagina uno absorta mientras escucha y ve su primera ópera. O despertándose tempranísimo, a la mañana de un sábado para prepararles el desayuno a sus papás con facturas y diario comprados sigilosamente para no despertarlos. O leyendo un cuento, escondida debajo de la ropa de cama para que la realidad de su dormitorio no distrajera su imaginación.
¡Le queda tan bien ese nombre a mis recuerdos!. Me sientan tan bien hoy mis recuerdos...
Homenaje
A veces quisiera que todos te hubieran conocido,
Que aún escuchen tu voz ronca y graciosamente gritona,
Que les fuera incontenible la risa al escuchar tus disparates filosóficos,
Que descubrieran con orgullo impropio tu silenciosa bondad.
Porque quiero hablar de vos,
Y quizás así poder extrañarte menos
Recordarte en voz alta,
Llorar tu ausencia sin explicarle a nadie.
Pero a veces quisiera seguir siendo de los pocos que tenemos tu recuerdo,
Para protegerlo, con el más altruista egoísmo, de que lo empequeñezcan con clichés.
Y sí, sos bueno, alegre, generoso; y fuiste cabrón, fanático, porfiado hasta la médula, y tenías hormigas en el culo. Y todo de una forma tan amablemente única…
Porque siempre voy a creer que no hago suficiente en honor a tu memoria,
Que te sueño poco,
Que te lloro menos, aunque te extrañe demasiado,
Que he sido ingrata con la calidez que me regalaste todos tus años,
Que no te llego ni a los talones en casi todo lo que pudiste hacer.
Pero tu alegría es tan contagiosa…
Y por más que me esfuerce en evitarlo, se me escapan tus memorias.
Les gusta sentarse en el papel para dibujar tu nombre,
Para que otros te lean, y con la más ingenua vanagloria vos te sientas famoso
Y los demás te sintamos merecidamente admirable.
Más de una vez volví a confundir las dimensiones, y reaccioné y tomé decisiones en función de hechos que solo habían estado en mi imaginación, ilustrados con un nivel de realismo y detalle asombrosos. Los resultados, increíblemente, nunca fueron demasiado catastróficos; quizás porque algunos sueños tienen la fuerza necesaria para empujarnos hacia otro casillero.
Más de una vez también, rogué infructuosamente estar soñando, y que tanto sufrimiento fuera solo consecuencia de pasar frío mientras dormía.
Aún hoy, a veces tengo la sospecha de que estoy viviendo más a crédito de mi imaginación y mis sueños, que a costa de lo que realmente sucede; ahora sí temo que el desengaño no sea gratuito.
Pero lo que sí sería ciertamente catastrófico es que aquellos que son columnas de mi realidad, sean una fachada, una mentira creada, creída o sostenida por mí, o por ellos, da igual.
Capaz sea esa sospecha la que me intimida, la que no me deja rasquetear demasiado la superficie, la que me provoca a contentarme con lo que me cuentan.
Y aunque no es lo que debería ser, es así, y tampoco le encuentro la salida a esa ruta.
Alivio
Quizás esté asomando el momento de la decantación, y por eso no me frustro ni me angustio; apenas añoro de a ratos.
Y porque cada vez más necesito hablar menos: porque encuentro que otros dicen mejor que yo, porque resulta que no hay nada novedoso en lo que siento...
"me pregunté por qué en realidad no habría funcionado, dónde había estado el quiebre...
me pregunté por qué coños andaba yo dando vueltas absurdas por otro lado en pos de lo que no se me había perdido; claro que recordaba vagamente el sentimiento de insatisfacción que me había sacado de allí e impulsado a buscar por fuera, lo recordaba, repito, pero sólo vagamente y no le encontré justificación posible, en ese preciso momento todo me invitaba a quedarme en este lugar donde pese a mis cuatro años de ausencia siempre había estado presente, me invadió con fuerza inusitada la sensación de que todas las piezas del rompecabezas de mi vida casaban en esta casa que pese a haberla abandonado nunca había perdido; todo me impulsaba a regresar..."
...ni en lo que busco y añoro...
"me hizo llorar ese olor que no se si pueda describir, un olor a casa, qué más puedo decir, un olor a todos los días, a gente que duerme por la noche y se despierta por la mañana, a vida real a aquí ha vuelto a ser posible la vida, no sé por cuánto tiempo pero al menos mientras perdure este olor, mientras no se quiebre esa calma..."
Ya no quiero un "cajón de los secretos", que los esconde atados unos con otros, para que se revele una interminable cadena de reacciones, como con los pañuelos de los magos.
Porque ya no necesito ser para otros, ni parecerme a lo que esperan, ni estar donde me puedan encontrar. Entonces ya me sobran palabras, lágrimas, enojos, esfuerzos...
Fastidio efectivo
"Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa": por hacerme cargo de lo que podría haber evitado sencillamente con un "no puedo", o con haberme corrido en el momento justo de la conversación intencionada. Todavía me es más fácil el sí, todavía le tengo más temor al enojo ajeno que al propio.
Pero esta vez hubo cierta ganancia en esa inercia por cumplir, porque a fuerza de querer despejar mi cabeza, depuro "deberes" acumulados y me enfrento con lo que venía eludiendo (¡cómo me cuesta aceptar los puntos de no retorno!).
Esta vez siento esa molestia como si estuviera enferma, sintiendo exageradamente, menos invisible, menos transeunte, menos insípida, porque a costa del fastidio puedo disfrutar del desear estar en otro lado, de buscar todos los minutos posibles para que mi mundo de preferencias me devuelva la gracia y el olor a limpio. Y así, mis ganas son más intensas y el instante de hacer lo que quiero mucho más efectivo.
A veces, la queja se lleva bien conmigo.
Yapa
Cine continuado
Ya está. Con esto ya puedo retirarme de lo que apenas empieza a tomar forma; aunque habiéndole tomado el gustito, ahora quiero más.Resignada a no toparme con él, paseaba por una feria hasta que lo encontré. Como habitualmente cuenta una amiga, el corazón me empezó a latir rapidísimo, y debí contener mi ansiedad por apoderarme de él y las ganas de gritar de entusiasmo, solo para no avivar al dueño del puesto de que era capaz de vender mi alma a cambio (y para no ganarme los retos de quienes me acompañaban). Y lo increíble fue que todo estaba a mi favor: funciona perfectamente, está en buen estado, el precio no era exorbitante, y encima pude regatearlo al 80% de lo que me dijo.
El que tenía cuando era chica, tenía un cassette de la Pantera Rosa, mientras que este tiene una película de Disney, con Mickey Mouse, el Pato Donald y Pluto. No se como fue que llegué a tenerlo, porque no dudo que debía ser muy costoso. Sea como sea puedo dar fe de que lo disfruté, y valió cada peso gastado, tal cual sucede con este.
Lo único que recuerdo en relación a este juguete, es que lo usaba una y otra vez antes de dormirme. Supongo que habrá sido la causa de que durante muchos años en lugar de contar ovejas, me durmiera imaginándome historias con mis personajes animados favoritos.
Me provoca mucha satisfacción saber que lo tengo, que me vuelve a pertenecer, que está ahí disponible para que en cualquier momento mis manos sean las que crean el movimiento, las que convierten el juguete en algo mágico. ¡Y todo por el mismo precio!.
Acá les dejo el la pelicula
No somos ni seremos nunca los de antes
Porque ya me acostumbre a esta hermosa armonía que me regalaron, y no quiero apostarla. Puedo animarme a hacerla a un lado un instante en busca de más, pero sólo si se que no pierdo ni una pizca de la que cuido.
Por eso hoy comparto el silencio de mis dudas, sin segundas intenciones; y no enfurezco ni lloro por lo que no vale ni una mueca triste. Por eso hoy no me hago a un lado, ni exagero mis malos ratos. Por eso hoy no entrego mi espíritu en el mercado negro. Porque me duele alejarme y me desespera no saber volver.
No soy ni seré nunca la de antes, porque ahora cargo con dolores que ocupan espacios, pero también porque hay amores (muchos en uno) que supieron traerme de la mano hasta acá, y a los que les debo mucho más que lo que yo era, no sólo por gratitud sino por mérito.


